¿Está la vacuna frente al dengue aumentando los casos graves de la enfermedad?

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enfermedad.jpg” lazyload=”” postpone=””>El dengue es, a día de hoy, la enfermedad vírica transmitida por mosquitos más común en todo el mundo. No en vano, afecta cada año a cerca de 400 millones de personas de todo el mundo, la mayoría de las cuales no padecen ninguna sintomatología o, en su defecto, desarrollan síntomas de carácter leve. El problema es que el dengue puede cursar con fiebre hemorrágica, complicación ciertamente peligrosa que sufren anualmente más de dos millones de personas y que acaba resultando fatal en más de 25.000 de los afectados. De ahí la importancia de desarrollar un tratamiento para prevenir la enfermedad, caso fundamentalmente de una vacuna. La buena noticia es que ya existe una aprobada y comercializada. La mala es que, como alerta un estudio dirigido por investigadores de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad John Hopkins en Baltimore (EE.UU.), esta vacuna podría estar incrementando la incidencia de hospitalización por dengue. Y es que en los casos en los que se está utilizando incorrectamente, la vacuna solo no está previniendo la enfermedad, sino aumentando la tasa de casos graves. Concretamente, el estudio, publicado en la revista «Science», constata que la vacuna –comercializada con el nombre de ‘Dengvaxia’– está reduciendo las tasas de enfermedad y hospitalización en un 20-30% en las zonas en las que hay una elevada transmisión de dengue. Sin embargo, en las áreas en las que la incidencia de transmisión es baja o moderada, la vacuna está provocando asimismo un incremento de los casos e ingresos hospitalarios por la enfermedad. Como explica Isabel Rodríguez-Barraquer, co-directora de la investigación, «contar con una vacuna supone un avance significativo para el control del dengue. Sin embargo, esta vacuna es un ejemplo claro de la necesidad de evaluar minuciosamente los riesgos y los beneficios». A la segunda va la vencida
Por lo general, las personas que adquieren la infección del virus del dengue, del que existen cuatro serotipos, no suelen padecer ningún síntoma o, si acaso, una sintomatología leve. El problema llega con la segunda infección –o ‘reinfección’–, en que el organismo se ve afectado de una forma mucho más acusada. En este contexto, la nueva investigación, en la que se han revisado los resultados alcanzados en los ensayos clínicos con la vacuna realizados en una decena de países con más de 30.000 participantes, muestra que la vacuna actúa como una primera infección pero sin las ‘molestias’ o ‘síntomas’ que acompañan a la invasión ‘natural’ por el virus. Asimismo, y en el caso de las personas que ya han padecido una primera infección por el dengue, la vacuna se asemeja a la temida segunda infección, pero una vez más sin los síntomas, esta vez mucho más graves, que generalmente cursan con la reinfección. Esta vacuna es un ejemplo claro de la necesidad de evaluar minuciosamente los riesgos y los beneficiosIsabel Rodríguez-Barraquer En consecuencia, el problema se presenta en los casos en los que no ha habido una primera infección por el virus: el sistema inmune identifica la vacuna como la primera infección por el dengue, y cuando se contrae una segunda infección se genera la respuesta inmune propia de la reinfección, mucho más agresiva. De hecho, los propios desarrolladores de la vacuna reconocen que no funciona ‘demasiado’ bien en personas que no han adquirido la primera infección de forma natural, situación que comúnmente se presenta en aquellas áreas en las que la incidencia de transmisión de la enfermedad no es muy elevada. Sea como fuere, indica Isabel Rodríguez-Barraquer, «es cierto que uno espera un porcentaje de éxito superior a un 30% para cualquier vacuna, pero también es verdad que a día de hoy se trata de la única vacuna disponible para ralentizar el dengue». ¿Solo para ‘repetidores’?
En definitiva, podría sugerirse que la vacuna se administre únicamente a aquellas personas que ya han sufrido una primera infección por el virus del dengue de forma natural. De hecho, su uso no está indicado en niños menores de nueve años dado que es poco probable que ya hayan contraído el virus. Y de la misma manera, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que solo se emplee en zonas en las que hay una elevada carga de la enfermedad. Como concluye Isabel Rodríguez-Barraquer, «si se utiliza correctamente la vacuna, mucha gente podría evitar la enfermedad y la hospitalización por el dengue. Pero tenemos que asegurar que únicamente se emplee en lugares en los que nuestros datos sugieran que hará más bien que mal». Una posible solución sería, como plantean los autores, que se realice un test sanguíneo para identificar a aquellas personas que ya han contraído la infección en el pasado. Así, aquellas que ya hayan sido infectadas recibirían la vacuna. Y aquellas en las que la primera infección no se hubiera producido, no.

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