Demostrada la eficacia y seguridad de una terapia génica para tratar la degeneración macular

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La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una de las principales causas de pérdida de visión en la población mayor de 50 años. De hecho, y junto al glaucoma y las cataratas, constituye la primera causa de ceguera en todo el mundo. Y es que si bien los afectados cuentan desde hace una década con tratamientos para frenar su progresión, aún a día de hoy no existe ningún tratamiento capaz de curarla. De ahí la importancia de un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore (EE.UU.), en el que se describe cómo una terapia génica experimental es eficaz y segura a la hora de preservar la visión en personas con DMAE exudativa o ‘húmeda’ –la forma de la enfermedad que, si bien supone solo el 15% del total de los casos, tiene una progresión más rápida. Como explica Peter Campochiaro, director de esta investigación publicada en la revista «The Lancet», «este estudio preliminar es un paso pequeño pero muy prometedor hacia un nuevo enfoque que no solo reducirá las visitas al médico y la ansiedad e incomodidad asociadas con las inyecciones repetidas en los ojos, sino que podrá mejorar el pronóstico a largo plazo dado que la supresión prolongada del factor de crecimiento del endotelio vascular (VEGF) es necesaria para preservar la visión. Una supresión mantenida que es difícil de lograr con estas inyecciones repetidas». Gen terapéutico
La DMAE exudativa se produce por el crecimiento anómalo de vasos sanguíneos –y las consecuentes hemorragias o ‘fugas’ de sangre– en la zona central de la retina o ‘mácula’. El resultado es que los pacientes experimentan una pérdida progresiva de su visión central, lo que conlleva dificultades para realizar tareas de precisión como conducir, leer o escribir. Pero, ¿a qué se debe este crecimiento anómalo? Pues básicamente, a una producción excesiva del VGEF en la retina. Tal es así que los actuales tratamientos se basan en la inyección en el ojo de fármacos inhibidores de este VGEF. El problema es que transcurridas unas cuatro semanas, estos inhibidores acaban desapareciendo, por lo que los pacientes deben acudir cada 6-8 semanas al médico para recibir una nueva inyección y, así, preservar la pérdida de visión. Lo cual no siempre hacen. Como indican los autores, «los oftalmólogos aluden a que la carga e incomodidad de este régimen terapéutico es responsable de que muchos pacientes no reciban las inyecciones tan frecuentemente como necesitan, lo que provoca una pérdida de visión». Incluso a la dosis más elevada, el tratamiento fue muy seguro y no observamos casi ninguna reacción adversa en nuestros pacientesPeter Campochiaro Entonces, ¿cuál podría ser la alternativa a estas inyecciones repetidas? Pues, cuando menos en teoría, la inoculación, igualmente en el ojo, de un virus inocuo que porte un gen que, una vez depositado en las células de la retina, induzca la producción de una proteína que bloquee la actividad del VGEF. En el nuevo estudio, los autores utilizaron un virus adeno-asociado, muy similar al que ocasiona los resfriados, y lo manipularon para que, por una parte, no provocara ninguna enfermedad y, por otra, portara un gen que una vez introducido en las células de la retina produjera la proteína ‘sFLT01’. Y es que esta proteína es capaz de unirse específicamente al VGEF y prevenir el crecimiento de vasos sanguíneos y sus posteriores fugas o ‘derrames’. Así, el objetivo es convertir, a través de una única inyección, a las células de la retina en fábricas productoras de sFLT01. Concretamente, el estudio fue llevado a cabo con la participación de 19 mujeres y varones que, mayores de 50 años y DMAE exudativa avanzada, recibieron inyecciones con dosis crecientes de partículas virales portadoras del gen terapéutico. Y de acuerdo con los resultados, el experimento fue totalmente seguro. Como refiere Peter Campochiaro, «incluso a la dosis más elevada, el tratamiento fue muy seguro. De hecho, no observamos casi ninguna reacción adversa en nuestros pacientes». ¿No para todo el mundo?
Es más; la terapia génica también fue eficaz a la hora de tratar las causas de la DMAE exudativa. No en vano, y en el caso de los 11 participantes en los que aún era posible lograr una reducción de la cantidad de líquido extravasado en la mácula –no así en los ocho restantes dado el avance de la enfermedad–, cuatro experimentaron la total desaparición de este líquido y otros dos mostraron una reducción notable. Pero, ¿qué pasó con los otros cinco pacientes potencialmente subsidiarios de beneficiarse de la disminución, si no eliminación, del líquido extravasado en sus máculas? Pues que no se observó ninguna mejoría. Una razón que se explica porque, como apunta Peter Campochiaro, «de forma inesperada, ya tenían anticuerpos frente a los virus adeno-asociados, por lo que creemos que el sistema inmune destruyó el virus antes de que pudiera insertar el gen terapéutico en las células». Un aspecto a tener muy en cuenta dado que, cuando menos en Estados Unidos, hasta un 60% de la población ya ha padecido una infección por virus adeno-asociados y ya ha desarrollado inmunidad a los mismos. Es decir, es posible que el procedimiento no sea viable para todo el mundo. Como concluye el director de la investigación, «la muestra de nuestro trabajo era pequeña y los resultados simplemente mostraron una correlación, por lo que no sabemos si los anticuerpos séricos supondrán un impedimento definitivo. Necesitamos más estudios».

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