Alimentos refinados: qué son y por qué son malos

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Los alimentos refinados suelen formar parte del día a día: las prisas a la hora de comer llevan a elegir productos procesados y poco saludables. Ya es conocido que la bollería industrial y los aperitivos salados y fritos son poco saludables. Sin embargo, hay productos nocivos que pueden estar presentes en la dieta diaria sin que sepamos que su consumo habitual puede llegar a ser muy perjudicial. Ingredientes tan comunes como el arroz blanco, el azúcar y la harina tienen diversos efectos directos sobre el organismo.

¿Por qué no es saludable comer alimentos refinados?

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Cuando un alimento es procesado, pierde la mayor parte de su valor nutritivo e incluye numerosos aditivos químicos que son perjudiciales para la salud, especialmente si se toman de forma habitual y en grandes cantidades.

Este procesamiento de los alimentos se lleva a cabo con el fin de potenciar su sabor, de lograr que se conserven durante más tiempo o para mejorar su aspecto y textura. Sin embargo, un sabor apetitoso y una apariencia más vistosa no siempre equivalen a una mejor calidad.

Es decir, que cuanto más natural tomemos un alimento, más nutrientes conserva, menos componentes artificiales lleva y, por lo tanto, más beneficioso para la salud resulta su consumo.

Algunas de las consecuencias más importantes de consumir diariamente muchos productos procesados y refinados son el envejecimiento celular prematuro, el debilitamiento de los huesos y un elevado grado de deterioro de órganos importantes como el hígado y los riñones.

Además, la adicción que provocan los dulces puede conducir a padecer enfermedades como diabetes, obesidad, colesterol alto, enfermedades del corazón y ciertos tipos de cáncer.

La manipulación de los alimentos durante su procesamiento, los convierten en productos sintéticos, con multitud de sustancias químicas que, en grandes cantidades, llegan a contaminar la sangre y a afectar a diferentes órganos.

Esto es, por tanto, una cuestión de gran importancia cuando se desea mantener un nivel óptimo de salud y bienestar.

¿De qué clase de alimentos estaríamos hablando?

Los cinco alimentos refinados principales, y que más presentes en la dieta son:

1. El azúcar blanco. No falta en ninguna mesa, pero es un producto rico en calorías vacías, sin aportar nutrientes básicos. Se puede sustituir fácilmente por otros más naturales y saludables, como el sirope natural de fruta, la canela o la estevia, entre otros.

Muchos nutricionistas, en la actualidad, consideran el azúcar blanco un auténtico veneno que daña los dientes y contribuye al sobrepeso, además de ser un factor de riesgo para desarrollar diabetes.

En los refrescos carbonatados azucarados está presente en grandes cantidades y en muchos otros alimentos que se consumen diariamente sin saber que contienen azúcar, como pueden ser las salsas o algunos zumos. Resultaría conveniente y recomendable revisar siempre las etiquetas de los alimentos, para comprobar si contienen azúcares añadidos y en qué cantidades está presente esta sustancia.

2. La sal refinada. La sal de mesa común es un producto procesado, que no aporta absolutamente ningún nutriente y que además, suele contener aditivos. Para reducir la cantidad de sal en la dieta, existen alternativas más saludables como son la sal de hierbas, la sal del Himalaya, la sal marina, especias o la sal integral.

Además, el consumo excesivo de sal produce retención de líquidos y genera un sobreesfuerzo en los riñones, el hígado y el corazón. Reducir su ingestión es fundamental para prevenir la hipertensión arterial y, por tanto, las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares, ya que están íntimamente asociadas.

3. Las harinas refinadas. Se presentan en diversos alimentos que se consumen de forma habitual como la pasta, las galletas, el pan blanco o la bollería. Durante el refinado que se realiza en cualquier harina no integral se reduce considerablemente la cantidad de fibra.

Asimismo, cuando el trigo se procesa, pierde los minerales y las vitaminas que contiene en su estado natural. Como resultado se obtiene la harina blanca. Sus calorías elevan la glucemia con gran rapidez y contribuyen al sobrepeso.

El consumo cotidiano y excesivo de harinas blancas está asociado con el déficit de vitamina B12, una peligrosa carencia que puede producir desde alergias hasta problemas cardíacos o del sistema nervioso.

Además hay que tener en cuenta los pesticidas utilizados en las grandes cosechas de trigo, que pasan al grano y, obviamente, a la harina. Convierten este ingrediente en un cóctel de productos tóxicos que, al acumularse en el organismo, generan enfermedades.

La opción más recomendable para comenzar a reducir el consumo de componentes artificiales y sin beneficios para el buen funcionamiento del organismo sería escoger productos integrales, tanto los cereales como el pan, la pasta y los dulces.

4. El arroz blanco. Lo que ocurre con el arroz blanco es muy parecido a lo que sucede con la harina. Durante el proceso de refinado, se pierde una gran parte de sus nutrientes originales y almidón es básicamente lo que queda. El almidón contiene una elevada carga glucémica que genera picos de azúcar en sangre, lo cual conduce a enfermedades como la diabetes y la obesidad.

Si sustituimos el arroz blanco por arroz integral, el organismo obtendrá nutrientes beneficiosos, como la fibra, y al mismo tiempo se producirá una liberación de glucosa de forma gradual.

5. La leche de vaca y los derivados lácteos están igualmente incluidos por la mayoría de nutricionistas en la lista de “venenos blancos”. Su consumo está relacionado con la aparición de alergias y con el riesgo de padecer numerosas enfermedades.

En la actualidad, los productos vegetales que existen para sustituir los de origen animal son muy variados y se pueden encontrar fácilmente en cualquier establecimiento. Las bebidas vegetales de diferentes sabores (soja, coco, avena, almendras) y los yogures de origen vegetal son las alternativas más saludables y naturales a estos alimentos.

Efectos nocivos sobre la salud de los alimentos refinados

Los principales productos refinados que se consumen de forma habitual están asociados con diversas enfermedades cardiovasculares, con la diabetes, la obesidad y algunos tipos de cáncer.

Pero además, existe una relación directa entre el consumo de estos alimentos con el cansancio y la depresión.

Como las calorías vacías no aportan nutrientes provocan que se tenga hambre al poco tiempo de consumirlos, además de producir una sensación de cansancio y de falta de energía.

Esto, a su vez, genera altibajos de la glucosa en sangre y cambios en el estado de ánimo. Al mismo tiempo se acumulan grasas en el cuerpo. Con el tiempo y el consumo habitual, estos alimentos generan una adicción. Para obtener una nueva dosis de energía rápida, aunque dure poco, el organismo demanda más calorías y con una mayor frecuencia.

Por otra parte, colorantes, conservantes, potenciadores del sabor y otros aditivos presentes en estos alimentos se acumulan progresivamente en el organismo hasta perjudicar gravemente la salud. Algunos de estos componentes contienen una elevada carga tóxica,

Evitar este conjunto de efectos sobre la salud es posible si se comienza a prestar atención a los alimentos ingeridos y se sustituyen por aquellos que contengan un alto valor nutricional.

Beneficios de reducir los productos refinados de la dieta diaria

Podemos dejar de comer alimentos refinadosen la dieta habitual y, de este modo, obtener importantes beneficios para la salud. Además de ayudar en la prevención de una gran cantidad de enfermedades, una dieta basada en alimentos naturales y sin procesar, mejora el estado de ánimo, el metabolismo se regula y permite alcanzar una mejor forma física.

En resumen, cuando se empieza a revisar las etiquetas de los productos alimenticios que se compran y se comienza a evitar el azúcar blanco, el exceso de sal, las harinas refinadas y el arroz blanco, se aumenta de manera notable la salud y, por lo tanto, se consigue una mejor calidad de vida.

Este cambio en los hábitos alimenticios se puede realizar de manera gradual, con la sustitución, poco a poco, de los productos procesados por otros más naturales.

Los productos naturales e integrales:

  • Contienen vitaminas del grupo B, hierro y otras vitaminas y minerales.
  • Son ricos en fibra, fundamental para la correcta salud intestinal.
  • Producen una mayor sensación de saciedad al ingerirlos, ya que son más nutritivos. Esto permite controlar el peso y evitar la acumulación de reservas de grasas.
  • Ayudan a bajar los niveles de colesterol en sangre.
  • Aportan energía que se libera de forma gradual y sin producir altibajos.
  • No contienen los aditivos y componentes perjudiciales que se añaden a los productos industriales.

El grano entero y sin procesar contiene también ácidos grasos esenciales y valiosos compuestos fitoquímicos. En el caso del pan blanco, encontramos ocho de los ochocientos componentes que están presentes en el pan integral. Este es un claro ejemplo de la cantidad de sustancias valiosas que los alimentos pierden cuando son refinados.

Una dieta saludable es la clave para disfrutar de un buen estado de salud y evitar numerosas enfermedades crónicas. Por este motivo, conviene empezar a sustituir los alimentos refinados por productos integrales, más naturales y ricos en nutrientes, para obtener un mejor funcionamiento del organismo y un aumento del bienestar general en nuestro día a día

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