Flores de Bach, una terapia para el cuerpo y el alma.

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Flores de Bach, una terapia para el cuerpo y el alma.

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“La enfermedad es en esencia el resultado de un conflicto entre el alma y la mente, y nunca se podrá ser erradicada sin un esfuerzo espiritual y mental”  Edward Bach. 

El Dr. Bach fue un médico galés que, descontento con el enfoque sobre la salud y la enfermedad de la medicina convencional de su época, dedicó su vida a la búsqueda de un sistema terapéutico novedoso, basado en las fuerzas curativas de la propia naturaleza, con el fin de que su sencillez, claridad y accesibilidad permitiera a cualquier persona su utilización para encontrar las raíces profundas de sus conflictos internos y, con ellas, la solución a sus problemas de salud.

Entre 1930 y 1934, Edward Bach elaboró 38 esencias florales, más un remedio adicional que combina cinco de dichas esencias para situaciones de emergencia y, con ello, nos dejó un maravilloso legado de
autoconocimiento para nuestro equilibrio y evolución, que se expande, generación tras generación, por los cinco continentes y, cuyo valor ha sido reconocido incluso por la Organización Mundial de la Salud.

Bach clasificó sus remedios en siete grupos que comprendían lo que él entendía como las fuentes principales del malestar humano: temor, incertidumbre, falta de interés en las circunstancias presentes,
soledad, susceptibilidad a las influencias e ideas ajenas, desaliento o desesperación y excesiva preocupación por el bienestar de los demás. Cada uno de esos grandes grupos reúne una serie de esencias, destinadas a la toma de conciencia y sanación de una circunstancia particular que afecta al individuo.

La descripción del uso de los remedios florales fue publicada por Bach en unos libritos de fácil entendimiento para todos: “Cúrese usted mismo” y “Los doce curadores y otros remedios”, que se agruparon bajo el título: “La Curación por las flores”. También podemos documentarnos más extensamente en la amplia bibliografía que ha sido publicada con posterioridad a Bach y que recoge las sucesivas investigaciones y casuística respecto a la terapia floral.

Con ello es fácil establecer los paralelismos respecto de nuestros síntomas, estado mental-emocional y la personalidad que hemos ido desarrollando a lo largo de nuestra historia y, así, encontrar los remedios
florales que más nos identifican. Además, hay cuestionarios que se pueden descargar por internet para hacer una autoevaluación de estado.

Cuando uno lee las descripciones de las esencias es habitual afirmar: ¡Pero si yo las necesito todas! Y esto no es del todo desacertado ya que, en un momento u otro, es frecuente que el ser humano pase por esos estados que representan las flores.

Sin embargo no es conveniente aunar más de 6 ó 7 remedios en cada formulación para no difuminar los efectos importantes y la toma de consciencia entre tantos estímulos diferentes. Después de uno o dos meses tomando las esencias, se puede volver a evaluar cuáles son los cambios, qué nuevos emergentes han aparecido y, como consecuencia, qué remedios debo mantener, cuáles suprimir y qué otros incorporar en la siguiente fórmula. De esta forma iremos descubriendo, capa a capa, como una cebolla, el conflicto central que, en origen, generó esa forma de reaccionar en desequilibrio con la vida.

Puede ser que, en algún momento, estemos bloqueados o no sepamos identificar exactamente lo que nos pasa o la gravedad de los síntomas nos haga estar muy confusos y desesperados. Ese sería un buen momento para dejarnos asesorar y acompañar por un terapeuta floral profesional.

Aunque las Flores de Bach muestran resultados generalmente sorprendentes ante cualquier problema, es posible que, si la persona es muy mental, controladora, poco receptiva o está muy intoxicada por el uso de medicamentos, no perciba resultados inmediatos; si fuera así, es preciso perseverar y mantener el  tratamiento un tiempo prolongado o usar algunas esencias catalizadoras primero, para liberar el bloqueo y abrir la mente a estas nuevas frecuencias. Con tiempo y paciencia irán produciéndose cambios.

No obstante, en ocasiones, será preciso complementar con otras terapéuticas y, por supuesto, no abandonar la medicación, especialmente en casos de riesgo. De cualquier modo, es el médico quien tiene la función de ajustar o rescindir los medicamentos que haya recetado al paciente, según perciba que es posible hacerlo si se han producido mejorías en el estado de salud de la persona.

Los preparados florales son totalmente inocuos y combinables con cualquier medicamento, farmacológico o natural, y, prácticamente, pueden ser un valioso auxiliar que mejora otras terapias. Son utilizables
en cualquier edad y estado de la vida, incluso en recién nacidos, niños o embarazadas. También se pueden aplicar con buenos resultados en plantas y animales.

Las fórmulas se preparan en frascos goteros traslúcidos de 30 cc con, aproximadamente, un tercio de brandy artesanal de calidad y dos tercios de agua mineral, a los que se añaden dos o tres gotitas de cada
una de las esencias que se vayan a tomar. La mezcla se agita durante unos segundos y se le puede imprimir una intención curativa depositando el frasco en las manos y focalizándose en él unos segundos más. Después hay que tener cuidado de no ponerlo cerca de fuentes de calor, luz directa y emisores de ondas electromagnéticas.

Aunque la cantidad de alcohol en cada toma es inapreciable, es preciso tenerlo en cuenta en personas con especial sensibilidad o niños muy pequeños. En estos casos se puede sustituir el brandy por vinagre
de manzana como conservante (aunque el sabor empeora y el preparado puede deteriorarse con mayor facilidad).

Se suele recomendar un mínimo de cuatro tomas de cuatro gotas bajo la lengua, distribuidas a lo largo del día, la primera de las cuales se realiza al despertar y la última justo antes de dormir

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