Beneficios del omega-3: Omega-3 y cáncer

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Beneficios del omega-3: Omega-3 y cáncer

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Beneficios en oncología del omega-3

Mecanismos de acción del omega-3

La palabra cáncer reúne varias afectaciones que tienen en común el crecimiento desordenado e incontrolado de células que pueden invadir y destruir tejidos y extenderse. Una célula normal se puede trasformar y crecer de forma descontrolada por diferentes factores de riesgo que aumentan la probabilidad de aparición de una enfermedad neoplásica (1). Las proporciones relativas de ácidos grasos en las membranas celulares y el tipo de célula son los factores primarios en la regulación de la producción de compuestos eicosanoides. La prostaglandina E2 (PGE2), el leucotrieno B4 (LTB4), el tromboxano A2 (TXA2) y el ácido 12-hidroxieicosatetraenoico se asocian positivamente con la carcinogénesis (2) y los ácidos grasos omega-3 pueden reducir el riesgo de cáncer al suprimirlos competitivamente. En este sentido, es importante señalar que la potencia del ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (omega-3 DHA) es cinco veces mayor que la del ácido alfa-linolénico y que, especialmente en las células cancerígenas, la eficacia de la conversión del ácido alfa-linolénico en EPA y omega-3 DHA es relativamente baja.

La familia de los PPAR (receptores activados por proliferadores peroxisomales) está constituida por PPARa, PPARd/ß y PPARγ (con sus isoformas γ1, γ2 y γ3), y heterodimerizan con el receptor nuclear RXR (ácido 9-cis-retinoico). Estos factores de transcripción están implicados en la regulación del metabolismo lipídico y la homeostasis, pero también modulan la proliferación y la diferenciación celular. La activación de PPARa y PPARγ se relaciona con los efectos anticancerígenos de los ácidos grasos omega-3 (2).

Los ácidos grasos omega-3 tienen la capacidad de reducir el crecimiento de células cancerígenas humanas y de recuperar el sistema inmune de las personas afectadas por distintos tipo de cáncer. El consumo de ácidos grasos omega-3 también contribuye a dificultar la movilidad de las células cancerígenas, por lo que reduce el riesgo de invasión y metástasis en los enfermos de cáncer. Esto es importante, pues la mayoría de las muertes por cáncer se deben a los tumores secundarios que surgen tras la metástasis (3).

Los ácidos grasos omega-3 poseen un efecto anticancerígeno en el cáncer de colon, mama, en la leucemia y en el melanoma maligno cutáneo, al detener el crecimiento de las células cancerígenas. Por ello, su consumo en la cantidad necesaria es muy importante, sobre todo, sabiendo que el 80% de los tumores malignos están causados por factores ambientales y hábitos de vida, lo que quiere decir que se podrían evitar un elevado número de cánceres. Mediante la ingesta de ácidos grasos omega-3 es posible reducir la dosis, el tiempo y los ciclos de la quimioterapia y, por tanto, mejorar la calidad de vida de las personas con cáncer (3).

Pratt et al. señalaron en distintos tipos de cáncer (páncreas, próstata, yeyuno, colorrectal, pulmón, mama y otros) con metástasis y sin ella, cifras anormalmente bajas de las concentraciones plasmáticas en los fosfolípidos de ácidos grasos omega-3 y del cociente ácidos grasos omega-3 y omega-6 (4), en especial en aquellos pacientes con un índice de masa corporal menor y después de recibir quimioterapia. Estudios prospectivos han demostrado que en los países donde la ingesta de pescado es mayor (entre 0,5 y 1,5 g diarios de ácidos grasos omega-3) el riesgo relativo de cáncer de mama (30%) y de próstata (60%) es significativamente menor (5).

Además, por cada 0,5 g diarios de ácidos grasos omega-3 que se aumentan en la dieta se reduce un 24% el riesgo de metástasis. Estudios clínicos en Fase I han determinado que la dosis máxima tolerable diaria de ácidos grasos omega-3 es de aproximadamente 0,2 g por kg de peso corporal (1).

Tipos de cáncer y omega-3

Cáncer de mama y omega-3

La enzima ácido graso sintasa (FAS) regula la biosíntesis de novo de ácidos grasos omega-3. Se ha descrito la hiperactividad y la sobreexpresión de FAS (antígeno-519 oncogénico) en algunos carcinomas de mama particularmente agresivos, lo que indica la existencia de una lipogénesis neoplásica dependiente de FAS. Estudios realizados en células humanas SK-Br3 de cáncer de mama demuestran que el omega-3 DHA puede reducir en un 37% la expresión de FAS (6).

Los ácidos grasos omega-3 tienen la facultad de potenciar la citotoxicidad de algunos fármacos que actúan contra el cáncer de mama (paclitaxel, cerulenina, doxorrubicina y cisplatino) pues aumentan su captación por las células cancerígenas y actúan superando la resistencia de dichas células al tratamiento de la quimioterapia (7).

Algunos estudios han demostrado la importancia de los ácidos grasos omega-3 en la eficacia de mitoxantrona, vindesina, ciclofosfamida, 5-FU y epirrubicina en las mujeres con cáncer de mama; aquellas con una mayor concentración de ácidos grasos omega-3 [ácido docosapentaenoico, 22:5(ω-3) y omega-3 DHA] en el tejido adiposo de la mama fueron las que mejor respondieron al tratamiento farmacológico (8).
 

Cáncer de próstata y omega-3

En un estudio Chino-Americano, un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Wake Forest de Winston-Salem, Carolina del Norte, estudiaron la influencia de los omega-3 y omega-6 en modelos animales de cáncer de próstata, para evaluar si una dieta rica en omega-3 podría disminuir la incidencia de cáncer de próstata. Con la dieta rica en omega-3 se redujo el tumor de próstata, la progresión histopatológica fue más lenta y aumentó la supervivencia. El efecto de los ácidos grasos poliinsaturados en el desarrollo del cáncer de próstata está mediado en parte por la proteína BAD, induciendo la apoptosis en las células del cáncer de próstata (9). Un estudio llevado a cabo en 2009 demostró de qué forma los ácidos grasos omega-3 parecen proteger frente al cáncer de próstata avanzado; este efecto podría modificarse gracias a una variante genética del gen de la ciclooxigenasa 2 (COX-2), una enzima clave en el metabolismo de los ácidos grasos y la inflamación. El estudio descubrió una  relación protectora entre el consumo de ácidos grasos omega-3 y el cáncer de próstata. Los investigadores analizaron 466 varones diagnosticados de cáncer de próstata agresivo y 478 controles sanos. La dieta se evaluó con un cuestionario de frecuencia de ingesta de alimentos y se llevó a cabo también una prueba genética en la que se realizó un genotipado de nueve polimorfismos de un solo nucleótido de la COX-2, utilizados como marcadores

Los investigadores categorizaron la ingesta de ácidos grasos omega-3 en cuartiles en base a la distribución del consumo. Los varones con la ingesta más elevada de ácidos grasos omega-3 de cadena larga en la dieta tuvieron un 64 % menos de riesgo de cáncer de próstata agresivo en comparación con aquellos hombres cuya ingesta era más baja. A continuación, los autores evaluaron el efecto de los ácidos grasos omega-3 en los varones con una variante rs4647310 genética de la COX-2, un gen inflamatorio. Los varones con una ingesta baja de ácidos grasos omega-3 en la dieta que presentaban esta variante tuvieron un riesgo de cáncer de próstata agresivo cinco veces mayor, mientras que aquellos cuya ingesta de omega-3 en la dieta era elevada tuvieron un riesgo mucho más bajo, incluso al presentar dicha variante genética de la COX-2.

En los varones que expresaban la variante genética de la COX-2, el riesgo aumentado en relación con la enfermedad se revirtió aumentando en medio gramo por día la ingesta de ácidos grasos omega-3 (10). 

Cáncer de colon y omega-3

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 pueden tener propiedades antineoplásicas en el colon.

Estudios en animales y algunos ensayos clínicos sugieren que los suplementos de aceite de pescado, con omega-3, pueden reducir la inflamación y tener propiedades anticancerígenas. Un estudio  (11) realizado en personas de raza blanca y afroamericanas mostró que el riesgo de cáncer de colondisminuía a medida que aumentaba el consumo de los dos principales ácidos grasos presentes en el aceite de pescado (EPA y DEA).

Los estudios in vitro con células humanas cancerígenas e in vivo con animales de experimentación determinan el papel crucial de estos ácidos grasos en la etiología del cáncer, y se corresponden con los estudios clínicos que indican una reducción de la hiperproliferación intestinal tras la ingesta de ácidos grasos omega-3 en pacientes con elevado riesgo de cáncer de colon (12).

En la Conferencia de Investigación para la Prevención del Cáncer realizada por la Asociación Americana para la Investigación del Cáncer, un grupo de científicos presentó diversos datos que revelaban que el consumo de ácidos grasos omega-3 puede ayudar a evitar el cáncer colorrectal. Los efectos obtenidos van desde la reducción del crecimiento del tumor hasta la supresión e inhibición de la metástasis (el proceso de formación de un nuevo tumor

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