Los campos electromagnéticos sí implican a las células humanas

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Diagrama que muestra los dispositivos que originan campos magnéticos y sus respectivas intensidades de campo. Crédito: pbio.3000018, CC-BY. Click sobre la imagen para ampliar.

El campo magnético que originan las líneas de alta tensión, los teléfonos móviles o las redes wifi, entre diferentes tecnologías de nuestra época, induce en el cuerpo humano una especie química sobre todo oxidante y agresiva susceptible, a grandes concentraciones, de destruir el ADN o las proteínas del cuerpo.

en cambio, a bajas concentraciones,  este campo electromagnético estimula el sistema de defensa de las células para reparar el ADN o destruir este oxidante, lo que explica tanto los efectos nocivos como utiles de los campos electromagnéticos.

Este es el fruto de una investigación, publicada en PLOS Biology, que arroja nueva luz sobre la influjo de las tecnologías más corrientes de nuestra civilización sobre la salud humana, tanto para perjudicarla como para mejorarla.

Según esta investigación, este doble efecto quizas gracias al criptocromo, una proteína sensible a la luz azul involucrada en la detección de los campos magnéticos para la orientación de las aves durante su migración, así como en el control del ritmo circadiano.

La contestación de las células al campo magnético depende de la existencia de criptocromos, ha determinado esta investigación, debido a los cuales las células humanas sometidas a un campo magnético débil (2 Militesla) aumentan la producción de especies de oxígeno reactivo (ROS), un grupo de radicales libres con capacidad de producir estrés oxidativo.

El estrés oxidativo se origina por un desequilibrio entre la producción de especies reactivas del oxígeno y la capacidad de un sistema biológico de decodificar rápidamente los reactivos intermedios o reparar el daño resultante.

Depende de la cantidad

Las ROS se originan como consecuencia del metabolismo normal del oxígeno y poseen un notable papel en la señalización celular. en cambio, en épocas de estrés ambiental los niveles de ROS pueden incrementar ampliamente y causar daños valiosos en las estructuras celulares. Esto es lo que sucede en existencia de campos electromagnéticos de una determinada intensidad, ha comprobado esta investigación.

Para llegar a esta conclusión los científicos expusieron células humanas a débiles campos electromagnéticos pulsados y comprobaron que esta exposición estimula la acumulación de ROS y que, en grandes dosis, estas moléculas se vuelven tóxicas y participan en el estrés oxidativo y en el vejez celular.

en cambio, a dosis suaves, el oxígeno reactivo estimula activamente la reparación celular y la contestación al estrés oxidativo, lo que explica los efectos terapéuticos observados en los sucesos de estimulación magnética repetitiva, señalan los expertos.

Los expertos pudieron comprobar estos efectos a través de larvas de moscas, que espontáneamente evitaban los zonas donde se aplicaban los campos magnéticos. Pero si a estas larvas se les privaba de los criptocromos, perdían la capacidad de percibir y de prevenir el campo magnético. Diferentes larvas de mosca, a las que se les había aplicado un criptocromo humano, eran sensibles también a los campos magnéticos.

Posible peligro para la salud pública

Margaret Ahmad, una de las autoras del artículo, señala en un comunicado que estos efectos “insinuan que, bien solos o en combinación con otros factores ambientales fabricantes de ROS, estos campos magnéticos pueden tener un impacto negativo sobre la salud pública.”

En un segundo artículo publicado también en PLOS Biology, dos biólogos austriacos comentan los efectos de esta investigación, que promete añadir nuevos elementos a la polémica sobre la influjo o inocuidad de los campos electromagnéticos sobre la salud humana.

Estos autores señalan que será imprescindible una réplica de estos efectos por otros grupos de investigación anteriormente de considerarlos concluyentes, si bien reconocen que la leucemia asociada a las líneas de alta tensión precisa de criptocromos, aunque añaden que existen investigaciones contradictorios al respecto. Y concluyen: “Bien puede ocurrir que el criptocromo sea un magnetosensor, pero con un lado siniestro”.

La Organización Mundial de la Salud explica que en los últimos 30 años se han desarrollado unos 25.000 artículos científicos sobre los efectos de los campos electromagnéticos, pero añade: “los efectos existentes no confirman que la exposición a campos electromagnéticos de baja intensidad produzca ninguna consecuencia para la salud. en cambio, los conocimientos sobre los efectos biológicos presentan algunas lagunas que requieren más estudios”. Esta investigación tal vez abra el camino a un cambio de posición al respecto

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